Entre los libros y el bullicio de siempre, se ha colado ese aroma a incienso que lo cambia todo y que nos avisa de que algo grande está por llegar a nuestra comarca. Pero lo más especial no ha sido el olor, sino la mirada de nuestros alumnos.
Este año, desde la clase de Religión, los chicos han dejado de ser espectadores para convertirse en narradores de su propia fe. A través del objetivo de sus cámaras, han capturado esos instantes que a veces los adultos pasamos por alto: el detalle de una mano, la luz de un cirio o el silencio de una calle esperando al paso.
Ha sido emocionante verlos votar sus fotos favoritas, compartiendo esa inquietud que nace cuando la tradición deja de ser algo «de los mayores» para convertirse en una devoción propia. Son sus ojos los que hoy mantienen viva nuestra cultura.
Gracias a todos los que habéis participado por enseñarnos vuestra forma de sentir la Pasión.